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Alejandro Dumas nació en la ciudad de Villers-Cotterés (Paris) el 24 de julio de 1802. En su certificado de nacimiento consta con el nombre de Dumas Davy de la Pailleterie. Su abuelo paterno era el marqués Antoine- Alexandre Davy de la Pailleterie, quién que se casó con Marie Cessette Dumas, una esclava negra de las islas Indias del Oeste de Santo Domingo. Fruto de este matrimonio nació el padre de Alejandro. El padre de Alejandro de joven se alistó en el ejército sin contar con la aprobación de su padre y lo hizo con el nombre de Thomas Alexandre Dumas. Permaneció en el ejército hasta lograr el titulo de General bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte. Se casó con Marie Louise Labouret; de quién tuvo a su hijo Alejandro.
Alejandro a los cuatro años quedó huérfano de padre. Dada la exigua pensión de que disponía su madre, Alejandro recibió una escasa educación escolar. Con unos estudios deficientes empezó a trabajar como pasante de un notario
En 1823 se instaló en Paris y entró al servicio del Duque de Orleáns como escribiente, gracias a su perfecta caligrafía y a la recomendación del General Foy, amigo de su padre.
Con la presentación en 1829 de “Enrique III y su corte” consigue gran notoriedad y, en 1831 con “Anthony” alcanza su primer éxito. Éxito que continuará a lo largo de su carrera literaria con el género de su predilección: el drama y la novela histórica. Debido a la creciente demanda del público, tuvo que recurrir a la ayuda, notoria, de “colaboradores” entre los que destaco Augusta Maqueta (1839 – 1851).
Sus ingresos eran enormes, pero apenas eran suficientes para sufragar su extravagante modo de vida: gastaba enormes sumas de dinero en mantener su finca “Montecristi” ubicada a las afueras de Paris, mantenía a numerosas amantes (se le atribuyen 27) entre las que estaba la modistilla Marie Lebay, madre de su hijo Alejandro (también escritor), compraba obras de arte y hacía frente a las perdidas derivadas de sus muchas aventuras empresariales.
En 1846 se casó con la actriz italiana Ida Ferrer, de este matrimonio nacieron dos hijos.
Alejandro Dumas fue padre de seis hijos, cuatro ilegítimos y dos legítimos
Realizó diversos viajes, Gran Bretaña, Rusia, Italia, Alemania, España. En Italia conoció a Garibaldi con el que colaboró en su revolución, en Sicilia, en 1860.
En 1870 se refugió en la casa de campo de su hijo Alejandro, en Puys cerca de Dieppe, en donde murió el 5 de diciembre de 1870.
Escribió más de 300 obras entre las que destacamos:
“Enrique III y su corte” (1829)
“Anthony” (1831)
“El caballero Harmental” (1843)
“Los tres mosqueteros” (1844)
“El Conde de Montecristi” (1845)
“Veinte años después” (1845)
“La dama de Monsoreau” (1846)
“El vizconde de Bragelonne” (1848)
“El collar de la reina” (1849)
“El tulipán negro” (1850)
FRASES CELEBRES
Quien lee sabe mucho; pero quién observa sabe todavía más.
Cuando el amor desenfrenado entra en el corazón, va royendo todos los demás sentimientos; vive a expensas del honor, de la fe y de la palabra dada.
La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.
No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo.
El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo.
Hay mujeres que quieren tanto a sus maridos que, para no usarlos, toman el de sus amigas.
¿Cómo es que siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación.
No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más terror.
Todo cabe en lo breve. Pequeño es el niño y encierra al hombre; estrecho es el cerebro y cobija el pensamiento; no es el ojo más que un punto y abarca leguas.
¡Aquel tiempo feliz en que éramos tan desgraciados!
Si dais la impresión de necesitar cualquier cosa no os darán nada; para hacer fortuna es preciso aparentar ser rico.
Creemos, sobretodo porque es más fácil creer que dudar, y además porque la fe es la hermana de la esperanza y la caridad.
El hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo: sin dientes, sin cabellos y sin ilusiones.
Es deber aquello que exigimos a los demás.
El amor es física; el matrimonio química.
El amor es quién inspira las grandes empresas y quien estorba su cumplimiento.
El matrimonio es una cadena tan pesada que para llevarla hace falta ser dos y, a menudo tres.
Para toda clase de males hay dos remedios: el tiempo y el silencio.
Por bien que uno hable, si habla en demasía acabará diciendo alguna necedad.
Prefiero los malvados imbéciles. Aquellos, al menos, dejan algún respiro.
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